| La primera votación de la jerarquía católica para elegir al nuevo papa ha sido fallida y anoche vimos salir por la chimenea vaticana al humo negro. Los cardenales están, de momento, perdidos. El color de la primera fumata del cónclave significa que ninguno de los propuestos ha llegado a los 89 votos, la mayoría de dos tercios de los 133 cardenales que ahora mismo están encerrados en Casa Santa Marta, en su propia isla de conspiraciones, donde los otros pueden ser aliados o traidores en la búsqueda de una constante vestida de blanco, de un hombre que renuncie a su identidad para someterse al rito, que reinicie la cuenta atrás una vez más para evitar el colapso de la Iglesia. El tiempo y el espacio del cónclave son diferentes. Bajo la Capilla Sixtina, cerrada como una escotilla, la mano de un cardenal de negro llamado Jacob ha elegido al azar a nueve compañeros para hacer las veces de 'junta electoral' y certificar las votaciones antes de quemar en la chimenea las papeletas y añadir un producto químico para darle al humo el color correspondiente. Si no se complica mucho la cosa, hoy tiene pinta de ser el día crucial y el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, sigue siendo el favorito. Durante esta misma mañana se pueden realizar hasta dos votaciones y otras dos más por la tarde. Los expertos dicen que quizá tengamos fumata blanca antes de mediodía y sabremos si el nuevo papa será discípulo de Francisco o su némesis. Mientras, la Iglesia sigue en el limbo. Hoy en el podcast, partimos de una hipótesis: el nuevo papa será más conservador que el anterior. Incluso puede que sea un papa muy conservador o sostenido por la corriente ultra más radical dentro de la Iglesia. Si ese es el caso, ¿el Gobierno de España seguirá dejando abiertas las puertas del Estado a esa Iglesia católica? Analizamos el Concordato de España con la Santa Sede y sus implicaciones básicas. |