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Prohibido leer: la biblioteca Palafoxiana y los libros que pueden costar el alma
PUEBLA, Puebla.- El concepto del libro prohibido nació de la necesidad de la iglesia católica por controlar los contenidos y la transmisión de ideas a partir de la imprenta, pero sobre todo de la Reforma Protestante de Lutero. A partir del siglo XV se vedaron obras que contradecían su doctrina o que atentaban contra la moral.
Pese a ello, en el siglo XVI y las siguientes centurias llegaron libros prohibidos a la Nueva España. Muchos de esos textos, que hoy se consideran joyas literarias o que aportaron grandes avances científicos a la humanidad, pertenecen al acervo de la primera biblioteca pública de México y América Latina, la Biblioteca Palafoxiana de Puebla.
Las principales razones para la prohibición de libros fueron la propagación de supuesto contenido amoral, como sátiras, comedias y pornografía; de ideas heréticas o peligrosas para la salvación del alma de los creyentes; de ideas revolucionarias que pudieran desestabilizar el poder establecido o desafiar la autoridad de la iglesia, y obras que cuestionaran el orden social o político para esta institución religiosa.
Esta imposición para restringir la circulación de ideas y materiales que contradecían los principios de la época, dio inicio a la censura que fue ejercida a través del Índice de Libros Prohibidos (Index Librorum Prohibitorum), un escrito hecho por la Sagrada Congregación del Índice en Europa, que formaba parte del Santo Oficio de la Inquisición.
Este índice era un tomo que incluía una lista de publicaciones que enumeraba los textos considerados heréticos, inmorales o perniciosos y que los católicos no debían leer porque atentaban contra la fe. El documento contenía títulos, obras y autores prohibidos. Posteriormente surgieron índices de diferentes países que se regían bajo sus propias consideraciones.
Muchos libros prohibidos llegaron a la América virreinal de manera ilegal, burlando los controles establecidos. Eran obras que pertenecían a bibliotecas privadas de eruditos. En algunos casos podían ser libros que adquirían viajeros o navegantes y luego los introducían por los puertos.
"No sabemos cómo llegaron los libros prohibidos a Puebla, esa es una historia que se tendría que investigar por libro. Las personas podían tener en su casa libros prohibidos y nadie se enteraba porque no eran acervos públicos. Para saberlo se necesitaba que alguien denunciara. Los acervos de los seminarios, conventos, o colegios sí tenían una revisión porque existía el puesto de bibliotecario", dijo Fabián Valdivia Pérez, gestor e investigador independiente, asesor de Museos Puebla, organismo público que administra la Palafoxiana.
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