Indeleble
Las detectives que devolvieron el agua a los Pedregales
Silvia Isabel Gámez / Quinto Elemento
La lucha que se gestó en la Plazuela de la Solidaridad fue por el agua. A ese punto de los Pedregales de Coyoacán, en la Ciudad de México, llegaron en abril de 2014 mujeres indignadas, enojadas por años de desabasto.
Ahí estaba Martha Elizalde, para quien ya era parte de su rutina caminar hasta una llave pública con su diablito y regresar con los pesados garrafones que apenas le alcanzaban para limpiar su casa y lavar la ropa de su familia."Era algo preocupante", recuerda sobre ese tiempo de escasez.
"Sientes impotencia porque dices: ¿ahora qué hago?"
Martha Elizalde
Estaban también la maestra Carmen Trejo y su hija Natalia Lara, una universitaria que en ese tiempo estudiaba las carreras de Historia y Ciencias Sociales. Cansadas de que en su edificio no alcanzara el agua por más que la cuidaban, vivían con la incertidumbre de no saber si las pipas que pagaban con esfuerzo, junto con todos los vecinos, bastarían para poder asearse a la mañana siguiente. "Esa ansiedad carcome muchísimo", dice Natalia.
El origen de los Pedregales se remonta a 1971, cuando miles de personas llegaron a asentarse en la zona y convirtieron ese terreno volcánico en su hogar. Durante años, se unieron contra el gobierno para proteger sus viviendas y contar con servicios básicos. Ahora tocaba defender su derecho al agua.
Bajo el gran árbol de la plazuela que se convertiría en el corazón de la lucha, una pequeña explanada libre de vehículos, las mujeres comenzaron a organizarse. Escogieron ese lugar porque ahí convergen tres colonias de los Pedregales —Ajusco, Santa Úrsula y Ruiz Cortines—, y porque en cinco calles a la redonda no había agua desde hacía tres meses. Era el epicentro del desabasto.
En las asambleas convocadas por la maestra Norma Piñón, acordaron enviar escritos al Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) —la actual Secretaría de Gestión Integral del Agua— y al entonces jefe delegacional de Coyoacán, el perredista Mauricio Toledo. "Lo que peleamos", señala Norma, "es que ya queríamos nuestra agua en nuestra llave".
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