Román Mayer: La SICT y el regreso a la obra urbana
La secretaría que en el siglo XX levantó carreteras, hospitales, escuelas y viviendas hoy vuelve a mirar a las ciudades. Retomar esa tradición técnica y cultural es la gran oportunidad de nuestro tiempo.
Cuando nació en 1891 la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP), el país entendía que modernizarse significaba mucho más que trazar carreteras. Había que construir ciudades completas: hospitales, escuelas, unidades habitacionales, espacios públicos. Por eso la Secretaría no solo fue oficina de ingenieros: también fue un laboratorio cultural.
Su sede en Avenida Xola 1561, inaugurada en 1954, lo dejó claro. El edificio albergaba áreas técnicas y de proyecto, y en sus muros se desplegaron los murales monumentales de José Chávez Morado y Juan O'Gorman. Esa integración plástica era un manifiesto: la obra pública debía ser funcional, pero también un relato artístico y social de la nación.
Durante décadas, la SCOP fue sinónimo de capacidad técnica y planeación integral. La Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco (1964), de Mario Pani, se construyó con apoyo de la Secretaría, que aportó infraestructura y coordinación urbana. El conjunto no era solo vivienda: integraba escuelas, plazas, comercios y espacios culturales en una ciudad dentro de la ciudad. Algo similar ocurrió con El Rosario (1972): el Infonavit fue el promotor, pero la SCOP intervino para asegurar vialidades y servicios que conectaran aquella "ciudad satélite" con el resto de la capital.
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