| La crisis de las mamografías no deja de empeorar para el Gobierno del PP en Andalucía. Ya con la consejera de Sanidad fuera de juego, es el propio Juanma Moreno el que se expone directamente a la tormenta parlamentaria, a las protestas sociales y a la certeza de que subirán las cifras de mujeres con indicios de cáncer que no fueron citadas para una revisión y de que cada ejemplo que sale en los medios es un puñal. Ayer Moreno cargó contra la oposición por acusarle de privatizar los cribados de cáncer de mama que han desatado el escándalo: "Se han derivado a la privada cero", dijo el presidente. Lo que tiene muchos ceros es la cifra que mis compañeros de elDiario.es en Andalucía han encontrado en un contrato en vigor de la Junta con una clínica privada para derivar 300.000 mamografías "por falta de medios propios para cumplir con los tiempos de respuesta en el cribado". Aquí lo tienes. La derecha tiene una relación paradójica con el cuerpo de las mujeres. Te dicen que son liberales y que por tanto no creen que el Estado deba gastar tanto en prevenir enfermedades y, sin embargo, sostienen que el Estado debe ser intervencionista en la prohibición del aborto, para proteger una vida que aún no existe y en contra de la libertad de las mujeres embarazadas. Isabel Díaz Ayuso ha anunciado que Madrid incumplirá la ley del aborto, específicamente en la parte en la que la regulación dice que los hospitales tienen que hacer un censo de médicos objetores de conciencia y buscar recursos alternativos para garantizar sin ellos el derecho de las mujeres. Porque lo que está pasando ahora es que hay hospitales enteros, qué digo, provincias enteras que no practican abortos en la sanidad pública. Y Ayuso, que quizá decía lo contrario cuando competía con Ciudadanos en vez de con Vox y que hace un año dio luz verde al registro de objeción de conciencia, ahora dice que efectivamente sus hospitales no están para eso: "Váyanse a otro lado a abortar", le ha dicho a la oposición. Estará pensando en Londres, como hace 50 años. O más bien en Quirón, seguramente. Hasta Feijóo ha tenido que desmarcarse de dos semanas consecutivas de sus líderes en Madrid metiéndose en un charco que, como todos sabemos, es incómodo también para las mujeres votantes de derechas. |