Tras años de investigaciones en terreno sobre el tráfico de drogas en México, he aprendido a valorar el papel crucial —y a menudo subestimado— que desempeñan los intermediarios en esta economía. Por eso, cuando esta semana recapturaron y extraditaron a Estados Unidos a un intermediario chino de fentanilo conocido como Brother Wang, quedé impresionado.
Zhi Dong Zhang, alias "Brother Wang", no era un narcotraficante cualquiera. Era uno de esos intermediarios clave que conectan el sector legal de los proveedores de precursores químicos con la producción ilícita de drogas en México.
Mientras mi colega Victoria Dittmar y yo examinamos decenas de documentos judiciales estadounidenses para conocer más detalles, comenzó a formarse una idea más clara. Los hallazgos coincidían con lo que habíamos descubierto a lo largo de varios años de investigación sobre la producción de drogas sintéticas y de entrevistas con traficantes en terreno en zonas críticas como Michoacán. Aunque rara vez son objetivo prioritario de las fuerzas de seguridad, los intermediarios desempeñan un papel esencial en el funcionamiento de este mercado ilícito.
Los fiscales acusaron a Zhang de ser el eje de una extensa cadena de suministro global, aprovechando sus contactos en Asia para adquirir precursores químicos que luego eran enviados a actores criminales en México para producir drogas sintéticas, que él mismo ayudaba a vender a compradores en Estados Unidos.
Su red transnacional de tráfico de drogas era tan sofisticada que las autoridades afirman que logró mantener vínculos tanto con el Cartel de Sinaloa como con el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), antiguos rivales que hoy mantienen una alianza inesperada.
Si bien su captura casi con certeza interrumpirá temporalmente el flujo de precursores químicos y drogas sintéticas para esas redes, sabemos que no será por mucho tiempo. Si algo tengo claro después de años cubriendo a los grupos criminales en México y en la región, es su extraordinaria capacidad de adaptación.