Es posible que haya visto las noticias sobre la masacre en una prisión de Ecuador el 9 de noviembre.
Los hechos son estremecedores: al menos 31 reclusos murieron y decenas resultaron heridos en menos de 24 horas en la cárcel de Machala, en la provincia de El Oro. La violencia se desencadenó por enfrentamientos entre dos bandas que antes fueron aliadas y ahora son rivales, los Lobos y Sao Box, una disputa que, según el gobierno, se produjo tras el anuncio de trasladar a varios prisioneros a una nueva prisión de máxima seguridad.
Docenas de medios en la región cubrieron la tragedia. Entonces, ¿por qué nosotros no?
Decidimos no cubrir este hecho en particular porque, aunque es significativo, no aporta elementos nuevos sobre las dinámicas del crimen organizado.
En este caso, la reciente masacre carcelaria en Ecuador responde a una dinámica que identificamos en 2024: los intentos del gobierno por desplazar a los grupos criminales dominantes han impulsado la aparición de nuevas estructuras que deben pelear por su parte del botín criminal.
Lamentablemente, este tipo de hechos es frecuente. En Ecuador, por ejemplo, las cárceles han sido esenciales para el ascenso de los grupos criminales. Como resultado, los enfrentamientos violentos por el control de las prisiones son comunes, especialmente en los últimos cinco años.
Y no se trata solo de Ecuador. En los últimos 15 años hemos documentado violencia carcelaria en toda la región: Honduras, Brasil, Paraguay, Uruguay, El Salvador, Venezuela, Panamá, Guatemala, Chile, entre otros países.
Por este motivo, en lugar de cubrir este incidente puntual, optamos por aportar contexto y datos que permitan entenderlo. Y cuando surja un hecho que realmente represente un cambio en las dinámicas criminales, evidencie el impacto de una política de seguridad o ponga de manifiesto el surgimiento de un nuevo poder, puede estar seguro de que estaremos ahí para explicarlo.