En una semana colmada de importantes noticias sobre el crimen organizado, mi atención fue capturada por algo que casi pasa desapercibido: una entrevista del diario español El País a Albert Ramdin, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Gran parte de la conversación con el principal diplomático del organismo regional se centró en la postura agresiva que ha adoptado Estados Unidos frente a la lucha contra el crimen organizado en América Latina y el Caribe.
Ramdin reconoció que las acciones de EE. UU., como los ataques aéreos contra presuntas embarcaciones de droga y el despliegue militar cerca de Venezuela, han puesto en evidencia profundas divisiones políticas en la región. Pero señaló que su influencia económica le da un peso importante en las discusiones multilaterales.
"No es justo depender de un solo Estado miembro y esperar que ese Estado no vaya a decir: 'las cosas tienen que hacerse a mi manera'", dijo Ramdin.
La entrevista dejó claro que los ciudadanos y los responsables de las políticas públicas deben tener en cuenta la relación con Estados Unidos al tomar decisiones sobre seguridad, una dinámica que quedó en evidencia en los acontecimientos de los últimos días.
Bolivia anunció la semana pasada que recibirá cooperación antidrogas de EE. UU. tras casi dos décadas de rechazarla, como parte de un restablecimiento más amplio de las relaciones con Washington bajo un nuevo gobierno conservador.
Por el contrario, los votantes en Ecuador rechazaron esta semana una propuesta para restablecer las bases militares estadounidenses en el país, lo que refleja el escepticismo frente a las políticas de mano dura impulsadas por el presidente Daniel Noboa, cercano a Trump, que han hecho poco por contener la violencia de las bandas.
El crimen organizado ha sido desde hace tiempo un tema político sensible en América Latina, y la relación con Estados Unidos suele moldear las decisiones de seguridad. Esto parece cada vez más cierto a medida que Estados Unidos pone al crimen organizado en el centro de su agenda y presiona a sus socios para que adopten un enfoque de carácter militar.
Siga atento a nuestra cobertura mientras observamos cómo estos acontecimientos moldean el panorama criminal de la región.