El lunes 24 de noviembre, el gobierno de Estados Unidos designó oficialmente al Cartel de los Soles como una "Organización Terrorista Extranjera". Aunque hemos seguido de cerca este tipo de designaciones durante el año, esta decisión en específico marca un hito importante.
Al contrario de la narrativa estadounidense, el Cartel de los Soles no es una organización de narcotráfico en sentido estricto, sino un término paraguas usado para describir a distintas facciones dentro de las fuerzas armadas venezolanas vinculadas al contrabando, la corrupción y el tráfico de cocaína.
Su inclusión en esta exclusiva y no deseada lista, además, representa la convergencia de dos guerras: la guerra contra las drogas y la guerra contra el terror.
Desde enero, la administración Trump ha sumado más de una docena de grupos criminales latinoamericanos a la lista de organizaciones terroristas extranjeras, la mayor expansión desde que se creó en 1997.
Usar herramientas de contraterrorismo contra estructuras criminales supone un giro profundo en la política de Washington. Aunque los grupos armados con motivación política y las organizaciones criminales con fines económicos pueden colaborar y emplear tácticas similares, sus objetivos centrales son distintos —y las respuestas estatales deberían serlo también.
Aun así, la administración Trump parece dispuesta a desafiar las estrategias tradicionales en la lucha contra el crimen organizado transnacional y contra sus adversarios políticos en la región. Al fusionar las guerras contra las drogas y el terror, amplía su arsenal de herramientas, hoy combinado con la presión económica de aranceles y sanciones.
Venezuela se ha convertido en el laboratorio de este nuevo enfoque. Recursos navales y militares sin precedentes se encuentran desplegados cerca de sus costas, mientras Washington aplica su política de máxima presión. El presidente Trump ha descrito a Nicolás Maduro como "uno de los mayores narcotraficantes del mundo" y ha ofrecido una recompensa inédita de US $50 millones por su captura.
Pero el tiempo podría jugar a favor de Maduro. Aunque Trump recurra a la amenaza militar, en Estados Unidos hay pocos deseos por otra intervención o por un nuevo esfuerzo prolongado de reconstrucción estatal. En las próximas semanas y meses analizaremos qué tan efectiva resulta esta estrategia que entrelaza crimen y terrorismo en el caso venezolano, y compartiremos com ustedes nuestros hallazgos.