| Ya tenemos la sentencia que argumenta por qué la mayoría de los jueces del caso en el Supremo (no todos) han condenado al ya ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Esperábamos el texto desde hace 19 días. Pues ahí va (en pdf): 233 páginas. La sentencia confirma nuestras suposiciones de hace dos semanas: el tribunal condena al fiscal porque, aunque no tenga pruebas de que realmente fue él, dice que la filtración "tuvo que salir" del fiscal general o si no, pues de "alguien" de su entorno. Ese "alguien" es increíble porque ni el juez instructor ni la UCO quisieron tirar de ningún hilo más que el de García Ortiz… cosa que, sin ser yo un experto, quizá haya dificultado lo de saber quién pudo ser esa otra persona. Y si realmente esa persona actuó con "conocimiento" del fiscal general, como dice la sentencia. - Ignacio Escolar escribe: "Pudo ser el fiscal general… o tal vez no. Pero la condena se la lleva igual, por activa o por pasiva".
La vida es eterna en cuatro segundos. Mención aparte merece la contorsión de la sentencia para ignorar a los únicos testigos directos de la filtración: los periodistas. Todos dicen que no fue el fiscal general del Estado el que les pasó el correo, y que de hecho lo tuvieron antes que él. Pero dicen los jueces (espera que viene pirueta) que un dato reservado no deja de ser un dato reservado al ser públicamente conocido. Y (esto tiene más lógica) que "el fiscal general del Estado no puede responder a una noticia falsa mediante la comisión de un delito". Pero lo que más me llama la atención es lo que señala como el indicio estrella de cómo se filtró el correo: una llamada de cuatro segundos entre un periodista de la SER y el Fiscal General del Estado. Cuatro segundos. Y saltó el buzón de voz. |