Debajo de la barbilla, Israel Vallarta tiene una cicatriz del tamaño de una nuez, producto de un puñetazo que le propinó Luis Cárdenas Palomino, cuando se negaba a repetir el guion que el jefe policiaco le obligaba a decir ante las cámaras de televisión, aquel 9 de diciembre de 2005.
El cuerpo de Israel Vallarta Cisneros es una bitácora viviente del suplicio que vivió en las últimas dos décadas, víctima de una detención extrajudicial, el montaje de un secuestro y un proceso viciado que lo mantuvo más de 19 años en prisión.
Antes de las tomas que Televisa transmitió en vivo desde el rancho Las Chinitas, hubo dos "ensayos". El primero se frustró porque Israel Vallarta se rehusó a decir que él había secuestrado a las tres personas que estaban en la supuesta casa de seguridad.
Antes de recetarle el uppercut, Cárdenas Palomino le ordenó a Vallarta que sacara la lengua. El objetivo era golpearlo en la mandíbula y provocarle una automordida, con la idea de que el dolor y la sangre lo doblarían y al fin terminaría por inculparse.
Vallarta reaccionó a tiempo, alcanzó a meter la lengua, pero no pudo esquivar el golpe ni evitar la herida que le dejó el anillo que en ese momento portaba el entonces director general de Investigación Policial de la AFI.
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