Convertido en un pueblo fantasma, Hércules se aferra a sobrevivir en medio del desierto tras la caída de AHMSA
Sierra Mojada, Coahuila.– Dolores Vázquez Careaga pensó que el mundo se iba a terminar en seco, no con un estruendo, sino con eso que parecía el silencio. Iba en la parte trasera de un camión polvoso, apretada entre cajas, maletas y niños somnolientos, viendo cómo el camino se hacía más angosto y el desierto más grande.
Tenía 14 años de edad, venía desde Concepción del Oro, Zacatecas, rumbo a un punto que no aparecía en los mapas.
"Yo decía: Yo creo que voy a topar con la pared del mundo. Me imaginaba la tierra como una bola y que el camión iba a pegar en la pared", recuerda.
Cuando por fin llegaron, no había calles, ni luz, ni iglesia, ni escuela. Apenas un rancho rentado, unas casitas de madera clavadas en medio del desierto y un cerro al que le decían: "El Uno".
…Todavía no se llamaba Hércules.
Dolores hoy tiene 82 años de vida y recuerda el origen como si hubiera ocurrido hace algunas horas: "Hubieran venido ayer que me acordaba de todo". Aquel rancho donde primero se instalaron tenía una noria recién abierta. Los ingenieros a cargo de la obra mandaron hacer una casa grande de madera para ellos y casitas más pequeñas para los demás.
"Nos pusieron llaves de agua en cada casita, y a trabajar. Aquí no había nada. Ni luz, ni seguridad, ni doctor, ni escuela. Nomás el cerro y el fierro", dice.
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