Como periodista especializado tanto en el tráfico de drogas como en la migración, me ha sorprendido la similitud en la manera en que la administración estadounidense ha abordado estos dos temas.
El concepto clave es "disuasión". Durante décadas, Estados Unidos ha implementado políticas migratorias basadas fundamentalmente en la idea de que hacer que la migración sea difícil y peligrosa hace que los posibles migrantes se queden en sus hogares. Trump ha llevado esta lógica mucho más allá, utilizando una aplicación más agresiva de la ley dentro de Estados Unidos para empujar a los migrantes a "auto-deportarse".
En el ámbito migratorio, la lógica de la "disuasión" parece haber dado frutos. Los números de migración han caído drásticamente bajo la administración Trump, reduciendo las ganancias de las redes de tráfico y otros criminales que explotaban a las personas que intentaban llegar a Estados Unidos.
Trump también aplicó esta lógica al tráfico de drogas, afirmando que su campaña de ataques mortales con misiles a presuntos barcos de drogas ha eliminado casi por completo el tráfico marítimo.
Pero, como mencioné en el boletín de la semana pasada, los bombardeos pueden haber obligado a los traficantes a cambiar de rutas, pero no han detenido el tráfico.
Eso es porque la "disuasión" no funciona contra el tráfico de drogas. Hacer que el tráfico sea más difícil, paradójicamente, lo hace más lucrativo. Cuanto más intentan las autoridades detener las drogas, más pueden cobrar los traficantes por el servicio de sortear esos esfuerzos de aplicación de la ley.
Es raro que se pueda replicar una solución para combatir el crimen de un área a otra. Manténganse atentos a nuestra cobertura mientras seguimos de cerca los efectos de esta expansión de la lógica de la "disuasión".