| Probablemente ni siquiera Korchagin, el embajador, se imaginaba que 20 días después Moscú ordenaría la invasión, que el argumentario que repetía era totalmente falso y que su presidente ya había tomado la decisión de enviar a la picadora a sus compatriotas. Una amiga rusa que vive en España me contó hace unas semanas una historia terrible. Se acababa de enterar de la muerte de un amigo suyo de la infancia de la ciudad de Uliánovsk. Mikhail (nombre ficticio) atravesaba un mal momento económico y emocional y se alistó para ser conductor del Ejército. Pensaba que no iría al frente, pero duró 9 días con vida. Sin embargo, las autoridades no le comunicaron la muerte a la familia hasta casi un año después. "Nacimos con un mes de diferencia y nuestras madres son mejores amigas y compañeras desde primaria", me decía. Ella lo recuerda como "un chico superpacífico". Su ciudad está empapelada con carteles de reclutamiento diciendo a los hombres que tienen que ser "hombres" y defender la patria. Muchos de sus amigos que ya estaban en las Fuerzas Armadas le decían lo mismo. "Cuando te apuntas, cada uno recibe una asignación de 4.500 euros solo por alistarse. Para la gente que no vive en Moscú. Esta cifra es como aquí cinco veces más. Por otro lado, el sueldo mensual empieza en 2.000 euros, que es un supersueldo para los que no viven en Moscú". Mikhail se fue el 5 de febrero de 2025 y la familia perdió el contacto con él esa misma semana. Su madre le decía a la madre de mi amiga que seguro que le habían capturado. "Así mantienen la esperanza", dice. "A principios de diciembre le llamaron y le dijeron que le identificaron con el ADN, pero que había muerto a los 9 días de su llegada. Dos días después mandaron el ataúd. Todo este tiempo en el que no supieron nada es que no daban abasto en la morgue de Rostov". La morgue de Rostov se ha convertido en el símbolo de esa trituradora de soldados rusos. Allí llega, se procesa y se intenta identificar todo el "cargo 200", tal y como se conoce a los soldados rusos muertos en combate. La expresión tiene sus orígenes en los féretros de zinc en los que se enviaba a los soldados soviéticos muertos en la guerra de Afganistán y que llevaban inscrito el 200 porque era el peso máximo que soportaban. Allí, en la morgue de Rostov, opera la única unidad militar especializada en la gestión de soldados fallecidos en conflicto, formada en los 90 durante la primera guerra chechena. Una investigación del medio ruso Verstka calcula que diariamente la unidad recibe unas 500-600 peticiones de gente que busca a sus familiares desaparecidos. He estado estos días rastreando grupos de Telegram y del Facebook ruso, VKontakte, y está lleno de publicaciones de este estilo con fotos de los soldados. Busco a mi hijo Prozhigin Mikhail Viktorovich, nacido el 14 de abril de 1980, que presta servicio en la unidad militar 11097, 1427, 4.ª compañía, 2.º pelotón, dirección Járkov, Kupyansk, desaparecido sin dejar rastro, última vez que se comunicó fue el 6 de septiembre de 2025. Busco a mi hermano Bratishkuivanov Ruslan Alexeyevich, 26/06/1993. Señal distintiva en la mano izquierda: tatuaje yin-yang dragón azul. Sin noticias desde el 14 de diciembre de 2024. Desde la morgue de Rostov y otros grupos también hacen el trabajo inverso: "Búsqueda de familiares de un soldado fallecido. Sirvió en la defensa territorial de la República Popular de Donetsk. Rasgos distintivos: tatuaje en el pecho con forma de ramitas". La unidad militar tiene incluso un formulario digital para que los familiares de los desaparecidos describan físicamente a sus seres queridos y faciliten la labor a los trabajadores de la unidad. Estas imágenes son pantallazos del formulario. Los familiares, por supuesto, también mandan muestras de ADN para ver si se corresponden con los cadáveres que tienen ahí almacenados. |