CIUDAD DE MÉXICO. – Lo que debería ser la máxima expresión de la democracia comunitaria en la capital del país, la elección de las Comisiones de Participación Comunitaria (COPACO), se encuentra hoy bajo la sombra de la selectividad institucional y la injerencia partidista. Mientras ciudadanos independientes enfrentan barreras burocráticas infranqueables, las estructuras del partido oficial parecen transitar por un camino libre de obstáculos, comprometiendo la legitimidad del proceso electoral.
El muro de los "tecnicismos"
El Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) ha sido señalado por aplicar criterios diferenciados al momento de validar candidaturas. Diversos aspirantes independientes han denunciado que sus registros fueron rechazados bajo argumentos técnicos menores, mientras que perfiles vinculados directamente a la administración pública y al partido Morena han obtenido el visto bueno sin mayores contratiempos.
Esta disparidad no es solo una percepción; es una realidad que fractura el principio de "piso parejo". Al negar candidaturas ciudadanas por formalismos, el árbitro electoral termina, por omisión o acción, facilitando la captura de estos órganos autónomos por parte de intereses gubernamentales.
Servidores públicos con disfraz de ciudadanos
La denuncia ciudadana ha sido contundente. Testimonios recogidos en diversas demarcaciones señalan que gran parte de los candidatos actuales no son vecinos independientes, sino operadores políticos que ostentan cargos en distintas alcaldías.
"Son gente de Morena, los imponen y les pagan para que se queden en el cargo de nuevo", señala una de las denuncias que circulan en redes sociales. El uso de uniformes de trabajo institucional durante las jornadas de promoción de estas candidaturas "ciudadanas" evidencia una movilización de recursos públicos para cooptar espacios que, por ley, deberían servir de contrapeso a la autoridad.
Una democracia sin legitimidad
La esencia de las COPACO es fiscalizar, proponer y vigilar el presupuesto participativo y las acciones de gobierno en cada barrio y colonia. Si quienes integran estas comisiones son subordinados del mismo gobierno que deben vigilar, la participación ciudadana se convierte en un simulacro.
La postura de los sectores excluidos es firme: no puede haber una "Democracia Plena" cuando el árbitro electoral inclina la balanza. Un proceso donde el aparato del Estado se impone sobre la voluntad vecinal carece de la legitimidad necesaria para representar los intereses de la comunidad.
Hoy, la pregunta para el IECM es clara: ¿Garantizará la autonomía de las colonias o permitirá que las COPACO se conviertan en la última ventanilla del partido de estado?
Teleradio – Periodismo de investigación y análisis desde el corazón de México.