En un acto que evoca las prácticas más rancias del autoritarismo que el actual gobierno juró erradicar, la administración pública mexicana ha iniciado una campaña de hostigamiento contra Raymundo Rivera Lopezitana, dirigente de la organización Democracia Plena y representante ante instancias de las Naciones Unidas.
La Pinza del Poder: Tláhuac y el SAT
La persecución se manifiesta mediante una "operación pinza" coordinada. Por un lado, el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) en el Distrito Tláhuac negó de manera arbitraria el registro de Rivera Lopezitana como candidato a las Comisiones de Participación Comunitaria (COPACO), bloqueando su derecho a incidir en la democracia local.
Casi de manera simultánea, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) notificó al luchador social un proceso de "Vigilancia Profunda". Lo absurdo radica en la cuantía: el Estado ha movilizado su aparato de fiscalización por una supuesta omisión de $14,800 pesos del ejercicio 2023. Mientras los grandes barones del dinero gozan de canonjías, a un ciudadano crítico se le persigue por el equivalente a un salario mínimo mensual.
El Pecado de la Congruencia
¿Por qué tanto miedo a un ciudadano de Tlaltenco? La respuesta parece estar en la voz crítica de Rivera, quien ha señalado públicamente las desviaciones del actual gobierno respecto a las directrices obradoristas originales, calificando de traición el desplazamiento de figuras clave como Marx Arriaga.
Bloqueo Digital y Administrativo
La estrategia de desgaste incluye el sabotaje administrativo. Tras solicitar la renovación de su contraseña a través de SAT ID el pasado 12 de marzo para ejercer su derecho de aclaración, Rivera Lopezitana se ha enfrentado a un silencio burocrático que supera las 36 horas, impidiéndole defenderse en tiempo y forma.
Este no es solo un ataque contra un hombre; es un mensaje para todos los miembros del Bloque Revolucionario de Integración Comunista y Socialista y para cualquier activista que se atreva a señalar las contradicciones del poder.
"La política es una virtud solo si se pone al servicio de los demás", afirma Rivera. Hoy, esa virtud está bajo fuego, pero la dignidad y la verdad absoluta no se pueden encarcelar con auditorías a modo ni registros negados.