Con el Día Internacional de la Mujer a la vuelta de la esquina, no pude evitar reflexionar sobre lo que significa cubrir el crimen organizado siendo mujer.
Los hombres cometen la abrumadora mayoría de los crímenes graves en todo el mundo. Y aunque existen muchas mujeres criminales temibles, los grupos que investigamos parecen estar mayoritariamente dirigidos por hombres. La realidad de este patriarcado se extiende más allá del inframundo criminal. Muchas de las instituciones y redes diseñadas para combatir el crimen con las que interactuamos como periodistas —fuerzas de seguridad, agencias gubernamentales, instituciones académicas— también son espacios dominados por hombres. Las desigualdades de género afectan nuestro trabajo diario, tanto en la perspectiva masculina con la que se reporta el crimen, como en nuestras propias experiencias en el terreno.
En InSight Crime, la mayoría de nuestras reporteras son mujeres, y todas hemos tenido experiencias en las que nos sentimos menospreciadas por cuestiones de género. De algo tan pequeño como comentarios condescendientes disfrazados de preocupación hasta ser ignoradas por algunas fuentes en una conversación en las que las respuestas fueron dirigidas a un colega de género masculino. También es frecuente toparnos con explicaciones "de más" sobre temas que hemos pasado años investigando en el terreno o que nos dejen de lado en mesas redondas y paneles dominados por hombres.
Pero a pesar de todo, seguimos publicando algunos de los reportajes más rigurosos e impactantes sobre el crimen organizado en América Latina. Las barreras son reales, pero el trabajo es demasiado importante para que nos desanimen. Y en honor al Día Internacional de la Mujer, mencionamos estos obstáculos no para quedarnos en ellos, sino porque entenderlos es el primer paso para poder desmantelarlos.