Gabriel Rufián e Irene Montero celebraron ayer su coloquio para pensar en el futuro de la izquierda. La principal novedad en el diálogo fue precisamente la presencia protagonista de Podemos, único partido de la izquierda estatal que no quiso estar presente en el primer acto de Rufián en Madrid. Los últimos resultados electorales autonómicos han espoleado al partido, que en las últimas semanas se ha integrado a última hora en la confluencia Por Andalucía y ha cambiado su actitud ante la propuesta de Rufián, aprovechando el vacío de liderazgo electoral en Sumar. Irene Montero ha estrenado nuevo relato en este acto: “Lo que podemos hacer en el futuro es más importante que cualquier cosa del pasado”, ha dicho. Habla de avanzar hacia un nuevo “camino electoral”, para lo que tiende la mano directamente a Rufián, que ahora mismo es el líder más valorado en las encuestas por los votantes de izquierdas. Rufián no acaba de recoger el guante de un tándem Rufián-Montero, o ERC-Podemos. Mantiene viva la esperanza y la necesidad de una gran confluencia, y pide a la izquierda que se olviden de las “putadas” que se han hecho unos a otros en los últimos años. Sin embargo, también se le ve algo incómodo por un problema con difícil solución: ERC no quiere participar en ninguna confluencia. La gran ventaja de Podemos en estas circunstancias es que es básicamente el único actor de esta potencial confluencia que tiene capacidad orgánica de hacer lo que le dé la gana en cada momento.
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Rufián ha vuelto a repetir su mantra de que si los partidos de izquierdas no se unen, la ultraderecha “nos matará por separado”. Y esto me lleva con otro asunto de las últimas horas muy llamativo. El agitador de ultraderecha Bertrand Ndongo, que monta líos en la sala de prensa del Congreso y hostiga a políticos y periodistas por la calle, ha publicado un vídeo donde pide perdón por haber ido a fotografiar a los hijos de la hoy ministra Mónica García a la puerta de su colegio. Dice ahora Ndongo que “crucé todos los límites, me salté mis propios principios” y que se siente “asqueado” de sí mismo. Que ir a las puertas de la gente, eso no se hace. Pero claro, es que de aquello hace tres años. Y en tres años no había dicho nada. Eso es lo que le ha reprochado Mónica García, que “agradece” las disculpas pero señala que su lista de víctimas es larga. ¿Por qué ahora y no antes? Tengo mi teoría: trata de criticar indirectamente a Vito Quiles, con el que tiene una extraña competencia ‘interna’, que sí está llevando al extremo el acoso en casas de periodistas y políticos. Quizá más que una disculpa sincera, sea una guerra de egos en el estrellato digital ultra. |