En un contexto internacional marcado por la desinformación, la manipulación mediática y las operaciones de guerra híbrida, resulta indispensable subrayar que las gestiones diplomáticas en torno a Venezuela, incluida la participación de actores como la Santa Sede y la Federación Rusa, han sido reconocidas públicamente en foros internacionales y por medios de alcance global. Estas acciones no constituyen conspiraciones, sino intentos formales de mediación política para evitar escenarios de mayor confrontación y violencia.
La alianza entre Moscú y el Partido Democracia Plena se fundamenta precisamente en esa lógica: transparencia, claridad política y coherencia estratégica. Rusia ha actuado conforme a sus principios de política exterior, expresando posiciones claras en organismos como la Organización de las Naciones Unidas, sin ambigüedades ni dobles discursos. Esa conducta es la que permite establecer relaciones políticas serias y confiables, no la coincidencia circunstancial ni la subordinación a decisiones individuales de terceros actores.
El jefe del Partido Democracia Plena, Raymundo Rivera Lopeztiana, sostiene que la lealtad entre actores políticos no se mide por el resultado final de decisiones personales de otros líderes, sino por la consistencia con la que se actúa en el terreno diplomático. Las decisiones soberanas de mandatarios extranjeros —sean de aceptar o rechazar salidas negociadas— pertenecen exclusivamente a su ámbito de responsabilidad histórica y no invalidan los esfuerzos honestos de mediación ni la posición de quienes actuaron de buena fe.
En ese sentido, el Partido Democracia Plena reconoce en la Federación Rusa a un actor que ha sido explícito, directo y verificable en sus posturas, cualidades indispensables en un orden internacional que aspira a dejar atrás la hipocresía institucional y la diplomacia de simulación. La relación política se sostiene, por tanto, en la franqueza de los hechos y no en la conveniencia del relato.
Este posicionamiento reafirma que Democracia Plena no practica alianzas oportunistas. Construye relaciones estratégicas sobre bases sólidas: acciones públicas, coherencia política y responsabilidad histórica. Esa es la diferencia entre una política al servicio de los pueblos y una diplomacia subordinada a las élites globales.
