| Llegó la noche en la que Gabriel Rufián y Emilio Delgado se juntaron para hablar de política en Madrid. El coloquio en el que todas las miradas de las izquierdas estaban puestas resultó ser, eso, un coloquio. No asistimos a ningún milagro, no fue la aparición mariana de la solución para las izquierdas, nadie cocinó en directo la poción mágica contra la ultraderecha. Rufián no anunció que quiere ser presidente del Gobierno de España. El acto solo fue lo único que podía ser: un acto. Pero el éxito de este acto no se medirá, con el paso del tiempo, por lo que se dijo sino por si ha podido cambiar (o no, ya veremos) la química entre las corrientes de la izquierda. Rufián pidió "ciencia, método y orden", casi un método científico para ganarle a Vox "provincia a provincia". ¿Qué significa eso? Pues según él, pactar unos puntos programáticos y analizar quién concurre en cada provincia para que los partidos a la izquierda del PSOE no compitan entre ellos. Es un poco lo que ya había dicho, pero ojo porque aunque durante unos días parecía que rebajaba sus pretensiones y le hablaba solo a los partidos territoriales (Bildu, BNG, Compromís, ERC…) ahora parece claro que también piensa en las izquierdas estatales. O sea, que en Aragón por ejemplo no se presenten la Chunta por un lado, IU por otro, Podemos por otro. Sino juntos. "O sea, sumar…" dijo casi sin querer. "O no…", dijo después entre risas. "Un acto de generosidad inédita". Pero el caso de Aragón es de los fáciles. ¿Qué pasa en Barcelona? ¿ERC va a renunciar a presentarse con marca propia por Barcelona para ir con los Comuns, que fueron más votados allí en 2023? Oriol Junqueras ya ha dicho que ni de broma. Y luego está lo verdaderamente complicado: donde no hay izquierda territorial, ¿aspiran a una papeleta de IU-Podemos-Sumar? ¿Quién negocia eso sin que surja un vietnam en cada provincia? La fórmula Rufián ha activado al menos algo que parecía muerto: la imaginación. Había cientos de personas en la puerta del teatro, que se quedaron sin entrar, y anoche llegó a haber 25.000 espectadores viendo la señal en directo de elDiario.es (por experiencia fijándome en ese dato: es mucho más de lo normal). Y sentados en el teatro estaban, simplemente escuchando, representantes de Sumar, IU y Más Madrid, y los únicos que faltaban, Podemos, no recibieron reproches sino piropos. Junto a Rufián y Sarah Santaolalla, moderadora del acto, estaba Emilio Delgado, que ha querido hablar de lo político más que de lo electoral. Al menos al principio yo le vi algo incómodo, quizá porque venía de pedir perdón por sus palabras sobre cómo la izquierda no debe "invisibilizar" de su discurso al hombre heterosexual. Y sin embargo se atrevió con varias ideas en el mismo sentido: la izquierda es antipática y debe volver apelar a mayorías populares. "Hay mucha gente joven de barrios de la periferia que llegan a espacios de izquierdas y sienten que no es su lugar". De hecho tiró algún ejemplo que seguro que removió en la silla a más de uno, como decir que no tiene nada en contra de la gente a la que le gusta la caza y que quiere recuperar a esa España rural para la izquierda. También dijo: "A la izquierda a veces le da pudor hablar de seguridad. Hay barrios en los que los niños no pueden bajar a la calle porque hay movidas." |